TRASTORNO DE
ANSIEDAD
Trastorno de ansiedad es un término general que
abarca varias formas diferentes de un tipo de trastorno
mental, caracterizado por miedo y ansiedad anormal
y patológica. Las condiciones ahora consideradas trastornos de ansiedad
llegaron bajo la égida de la psiquiatría hacia el final del siglo XIX. Gelder,
Mayou y Geddes (2005) explican que los trastornos de ansiedad se clasifican en
dos grupos: síntomas continuos y síntomas episódicos. Los criterios
diagnósticos actuales psiquiátricos reconocen una gran variedad de trastornos
de ansiedad. Estudios recientes, además de haber encontrado que hasta un 18% de
la población estadounidense y un 20% de la población española pueden estar
afectados por uno o más de estos desórdenes, han hallado que la genética
encargada en propiciar la aparición y el desarrollo de estos es la misma que la
involucrada en los trastornos depresivos y bipolares.
El término ansiedad abarca cuatro aspectos que un
individuo puede experimentar: aprehensión mental, tensión física, síntomas
físicos y ansiedad disociativa.
Los
trastornos de ansiedad en el DSM-IV se
dividen principalmente en:
2.
Trastorno de pánico (con
o sin agorafobia).
6.
Trastorno de ansiedad social o
fobia social.
8. Otros trastornos de ansiedad no
especificados o producidos por el consumo de sustancias.
Es importante prestar atención a los síntomas para
prevenir que la persona que la padezca sufra crisis más severas.
Cada uno tiene sus propias características y
síntomas y requieren tratamientos diferentes.1 Las
emociones presentes en los trastornos de ansiedad van desde el simple
nerviosismo a episodios de terror o pánico.2
Cuestionarios clínicos estandarizados de detección
tales como la Escala de Ansiedad Manifiesta de Taylor o la Zung
Self-Rating Anxiety Scale pueden ser utilizados para detectar los
síntomas de ansiedad, y sugieren la necesidad de una evaluación formal para el
diagnóstico de un trastorno de ansiedad.
CAUSAS:
Biológicas
Se sabe que bajos niveles de GABA, un neurotransmisor que reduce la
actividad del sistema nervioso central, contribuye a la ansiedad. Un gran
número de ansiolíticos son eficaces mediante la modulación de los receptores
GABA.8 9 10
Los inhibidores selectivos de la recaptación de
serotonina (ISRS), los fármacos más utilizados para tratar la depresión son
también la primera línea de tratamiento para los trastornos de ansiedad.11 Un
estudio en 2004 usando técnicas de imagen funcional cerebral sugiere que los
ISRS alivian la ansiedad resultado de su acción directa en las neuronas GABA,
en vez de ser consecuencia de la mejora del humor.12
El abuso de sustancias como el alcohol, puede
inducir estados severos de ansiedad y depresión, que decrecen con prolongada
abstinencia. Incluso cantidades moderadas de alcohol pueden incrementar la
ansiedad y la depresión en algunos individuos.13
El abuso de la cafeína, el alcohol y los
ansiolíticos pueden causar o empeorar estados de ansiedad preexistentes y
ataques de pánico.14 En
pacientes que padecen alcoholismo, la ansiedad se incrementa en la
fase aguda de abstinencia y puede persistir hasta 2 años después del síndrome
de abstinencia en el 25% de las personas.15
En un estudio realizado en 1988-1990 en un hospital
clínico, para patologías que incluían trastornos de ansiedad, trastornos de pánico y fobia social se
determinó que en la mitad de los pacientes la causa de los mismos sería
resultado de la dependencia al alcohol y las benzodiacepinas que consumían. En
estos pacientes la ansiedad se incrementaba durante el síndrome de abstinencia,
para luego cesar.16
La intoxicación por estimulantes se asocia a
ataques de pánico repetitivos[cita requerida]. La
exposición a disolventes orgánicos en el medio de trabajo se ha asociado con el
desarrollo de trastornos de ansiedad.17
Las personas afectadas por el trastorno
obsesivo-compulsivo, muestran un aumento del volumen de la materia gris en el
núcleo lenticular, que se extiende al núcleo caudal, mientras decrece el
volumen en la parte dorsal, medial, frontal y anterior de la circunvolución del
cíngulo.18 19 Esto
contrasta con los otros trastornos de ansiedad donde se observa un
decrecimiento del volumen de la materia gris en núcleo caudado bilateral, y
también decrece el volumen de la circunvolución del cíngulo como en los
obsesivos.
Amígdala
La amígdala es la central de procesamiento del
miedo y la ansiedad, y su función puede desestabilizarse en los trastornos de
ansiedad.20 La
información sensorial llega a la amígdala a través del núcleo del complejo
basolateral. Este complejo procesa las señales sensoriales relacionas con la
memoria emocional, y comunica su importancia y relevancia a otras partes del
cerebro, como el cortex mediano prefrontal y la corteza sensorial.
Otra área importante es el núcleo central adyacente
a la amígdala, que controla las respuestas específicas del miedo, a través del tronco del encéfalo, hipotálamo, y cerebelo.
Estas conexiones en las personas con trastorno de ansiedad se muestran poco
dispares, con gran cantidad de materia gris en el núcleo central. Otra
diferencia es que disminuye la conectividad entre la amígdala con la ínsula y
el área cingulada que controla los estímulos
generales de la prominencia, mientras mantiene una alta conectividad con los
circuitos del cortex parietal y prefrontal en las que subyacen las funciones
ejecutivas. Esto último sugiera una estrategia compensatoria para el procesamiento
amígdalino disfuncional de la ansiedad. Los investigadores han observado que la
unión frontoparietal de la amígdala en las personas que padecen trastornos de
ansiedad puede reflejar el habitual conflicto del sistema de control cognitivo
que regula el exceso de ansiedad.20 Esto
es consistente con las teorías cognitivas que sugieren el uso de estrategias
cognitivas compensatorias para reducir las implicaciones de las emociones.
Diversos estudios en animales y personas
correlacionan los trastornos de ansiedad con dificultades para mantener un
adecuando equilibrio o balance en el sistema nervioso. Un posible
mecanismo es la disfuncionalidad el núcleo parabraquial, una estructura, que
además de otras funciones, coordina las señales de la amígdala con las señales concernientes
al balance.
El procesamiento de la ansiedad en la zona
basolateral de la amígdala implica una arborización dendrítica de las neuronas
de la misma. Los canales SK2 de potasio influyen inhibiendo el potencial de
acción y reduce esta arborización. Mediante la sobrexpresión de esta región, la
ansiedad y el nivel de éstres inducida por la secreción de corticoides en
animales de laboratorio puede ser reducida.26
Hipocampo
Un estudio publicado en 2010 reflejó la
colaboración y relación que existe entre el hipocampo, estructura relacionada con el aprendizaje y
la memoria, con la corteza cerebral,
para modular los comportamientos relacionados con la ansiedad en ratones. El
hipocampo envía información a gran escala a la corteza sobre las emociones del
entorno, lo que permite a la corteza reconocer la amenaza. La corteza además
modula otras zonas del cerebro, especialmente la amígdala, para producir
ansiedad como respuesta defensiva. No obstante faltan estudios que demuestren
esta conexión en humanos.
Patogenia
Los trastornos de ansiedad suelen ser condiciones
debilitantes, que tienden a cronificarse con el paso del tiempo, y exacerbarse
en situaciones de estrés. Pueden presentarse a edades muy tempranas o empezar
súbitamente tras un «evento gatillo». El inicio de los mismos aparece
frecuentemente acompañado de dolores de cabeza, sudoración, taquicardia,
palpitaciones, hipertensión, que en algunos casos conducen a la fatiga física y
psíquica.
Habitualmente se tiende a confundir los términos ansiedad y miedo, usados
indistintamente; clínicamente tienen significados distintos. La ansiedad es
definida como un estado emocional difuso y desagradable cuya causa es difícil
de indentificar y es percibida como incontrolable o inevitable, mientras el
miedo es una respuesta emocional y fisiológica consecuencia de la percepción de
amenazas o eventos identificables, reales o supuestos. El término trastorno de
ansiedad incluye tanto miedos (fobias) como estados de ansiedad.
La depresión suele
ser comórbida a estos trastornos, con una
prevalencia del 60% de los diagnosticados por trastornos de ansiedad. En
algunos casos la depresión es consecuencia de sufrir ansiedad. No es raro que
se diagnostiquen a estas personas con el llamado trastorno mixto ansioso-depresivo.
El hecho que haya una considerable solapamiento entre los síntomas de ansiedad
y depresión, y que los mismos estresores ambientales provoquen síntomas en
ambos estados patológicos, puede explicar esta alta tasa de comorbilidad.32
Psicoterapia
La terapia cognitivo-conductual ha demostrado ser
altamente eficaz para los diversos trastornos de ansiedad.35 36 Esta
terapia trabaja dos componentes principales de la psique humana, las cogniciones o
pensamientos y la conducta. Por ejemplo, en el caso de la fobia
social la modificación cognitiva ayuda al paciente a cuestionarse algunos de
sus temores, como el de estar siendo observado o juzgado continuamente por los
demás. El componente conductual busca cambiar las reacciones de ansiedad
provocadas por la situación, principalmente a través de estrategias de
exposición y desensibilización sistemática. Mediante la terapia
cognitiva se intenta identificar y modificar los pensamientos disfuncionales, automáticos o
irracionales que generan respuestas inadaptativas.
Farmacoterapia
Cuando la medicación está indicada por psiquiatras
especialistas, generalmente se recomienda la toma de fármacos antidepresivos
conocidos como ISRS,
como medicamentos de primera elección. Las benzodiazepinas a
veces están indicadas para tratamientos de corta duración. Actualmente se
consideran fármacos de segunda línea de tratamiento por los efectos secundarios
que acarrean, como el deterioro de las funciones cognitivas y el riesgo de dependencia.
